¿Qué hacemos en el colegio?

¿Qué impacto tienen nuestros proyectos de voluntariado corporativo en los centros de enseñanza? Se acaba el curso y nos ponemos notas. No de las que califican, sino de las que fijan ideas para hacernos mejorar. Nos ayuda en el balance Mariano Martín, director de uno de los centros de Secundaria donde Fundación United Way España lleva más tiempo trabajando.

Siempre escribimos EDUCACIÓN en mayúsculas para dejar clara nuestra apuesta, porque sabemos que el abandono escolar es un problema de tal envergadura en España que puede sentar las bases de un futuro desolador. Por otro lado, la Encuesta sobre Tendencias Universitarias 2022, realizada por la Universidad Francisco de Vitoria, revela que el 75% de aspirantes a la EBAU asegura no haber recibido información suficiente para elegir sus estudios después del instituto.

Uno de nuestros métodos para paliar estos dos problemas es llevar voluntariado corporativo a las aulas para que generen una imagen factible del porvenir laboral en quien duda si seguir estudiando.

Mariano Martín, director de uno de los institutos en los que trabajamos desde 2018, tiene una opinión muy concreta sobre el papel del sector productivo en los centros de enseñanza: “Las empresas tienen su cometido pero no deben determinar el funcionamiento del sistema educativo, hay que proteger la educación. Nosotros formamos personas, no solo personas productivas”. Sin embargo, en su instituto llevan años recibiendo personal de empresas que imparten talleres de motivación laboral alrededor de profesiones con futuro. Sobre esto tampoco tiene dudas: “Las empresas están formadas por personas que quieren hacer más cosas. Si las instituciones podemos recoger esa voluntad, se enriquece lo que hacemos, eso es bueno para todo el mundo. Es un toma y daca”.

En potenciar ese intercambio consiste la labor de United Way. Identificamos un propósito, diseñamos un proyecto a medida, lo proponemos a una empresa y esta aporta recursos financieros y humanos para que una entidad social especializada lleve a cabo las actividades. En el caso que nos ocupa son talleres con empresas tecnológicas que combaten el abandono escolar bajo el título Tech4Change dentro del programa paraguas Youth Challenge.

Según Mariano, el éxito del programa se apoya en varias claves: primero, una buena integración de las actividades en el horario lectivo, para asegurar que encajan en la labor docente; después, una formación a conciencia del voluntariado para que sepan transmitir bien su conocimiento. Y tercero, un campo de actuación fuera del rendimiento académico (es decir, sin calificaciones), de manera que los talleres adquieren cierto carácter lúdico.

Pero no por eso menos efectivo: “El impacto en los chavales es alto por el factor novedoso, porque trabajan con un adulto que no es su profesor, no es una madre o un padre, que son referentes de negación. Es alguien con quien pueden tener otra actitud”. Mariano también valora la planificación: “Con United Way hay un punto muy destacable, y es que no es aterrizar una cosita y me voy, realmente hay un recorrido en las actividades, hay una relación viva que crece y la vamos enriqueciendo. En ese sentido la metodología es un gran valor, United Way controla muy bien el ecosistema del voluntariado, la empresa y la colaboración. Y como llevamos varios años repitiendo, conocen muy bien cómo funcionamos, saben los líos que tenemos en el centro, saben que hay cosas que no salen fáciles, saben cómo ajustar. Es una colaboración verdaderamente cómoda”.

Pero lo que más destaca Mariano es el efecto cualitativo, el cambio de ideas del alumnado sobre sí mismo en el que se basa la espora de cambio real: “Estos talleres son muy útiles para el alumnado que tiene mayores dificultades en su estar académico, porque por una vez consiguen lucir, brillar, tener éxito. Les da una oportunidad para librarse de las etiquetas de buen o mal estudiante, influyen directamente en su autoestima”. Algo que oímos decir una y otra vez a docentes, estudiantes y voluntariado en este y otros proyectos que coordinamos.

Le preguntamos a Mariano si hay alguna razón especial por la que su centro acoge actividades como las nuestras. De nuevo, su respuesta es nítida: “No creo que seamos un instituto puntero, simplemente intentamos ser ágiles, aprovechar las oportunidades. Al principio eran muy pocos alumnos y era raro tener agentes que no son del centro en tu aula, pero el profesorado se ha ido sintiendo cómodo y el programa ha ido creciendo. Tratamos de ponerlo fácil, de no tener miedo a complicarnos la vida, aunque suponga algo más de curro”. Cierto es que su instituto está muy atento a las STEAM (acrónimo que señala las disciplinas más competitivas del futuro, incluida la A de Arte), que tiene una amplia oferta de idiomas, que apuesta por una educación holística en la que cabe incluso la gestión de un huerto. Sobre la promoción de la tecnología, por cierto, Mariano insiste en un matiz importante: “Somos conscientes de su enorme peso social y precisamente por eso insistimos mucho en promover su uso consciente y moderado”.

Hasta el momento, por tanto, parece que lo que hacemos en los colegios está muy bien encaminado. ¿Merece la pena, entonces, involucrar a más compañías?: “Imagino que a algunas empresas les puede parecer muy complicado, hay que animarlas a dar un salto sencillo, vencer la inercia. El poco, al cabo de los años, es mucho. Nuestra experiencia es que funciona mejor cuando las empresas se dejan guiar. Yo diría que, en general, lo más importante es empezar con sencillez, con humildad. También es muy interesante para el personal docente porque entras en contacto directo con las circunstancias actuales del mundo laboral”.

Dice la página web del instituto que dirige Mariano: “Nuestro trabajo es un trabajo apasionante. Trabajamos con personas, les ayudamos a descubrir sus potencialidades y a sacar partido de ellas, a conocer y superar sus límites, a observar todo un mundo que les rodea. Educar no solo es transmitir conocimientos, es mucho más”. No podemos estar más de acuerdo en este enfoque; es el mismo con el que involucramos a las empresas para que puedan abandonar la etiqueta de máquinas de ambición con la que todavía andan a cuestas. Para que participen de la mejor manera posible —y junto a quien más lo necesita— en la tarea de tender los puentes que nos unen al futuro que debemos construir.

El increíble poder de los actos cotidianos

El consumo responsable añade al carro del supermercado obligaciones cada vez más acuciantes como la lucha contra el cambio climático y otras formas de compromiso social. En United Way España creemos que ese peso, sin embargo, es indicio de uno de los poderes más efectivos de la ciudadanía. Por eso lanzamos el proyecto Habitando Cosechas, con el que queremos contribuir a una lista de la compra en sintonía con los Derechos Humanos.

Pan ecológico, huevos de gallina feliz, lechuga sin pesticidas… El solo hecho de comprar parece un campo minado de atentados al bien común, como si controlar las calorías y la carga química de lo que consumimos no fuese preocupación suficiente. A la reducción del impacto medioambiental se suma, cada vez con más fuerza, la vigilancia de la justicia social. “Lo que nos faltaba”, se oye decir, “pensar en quién produce los alimentos y en qué condiciones”. Pero, calma, no pedimos una revolución radical, solo un momento de atención.

Porque nos parece más grave permanecer impasibles ante la certeza de que dentro de nuestras fronteras se vulneran los derechos laborales de quien cultiva la fruta que echamos al carro. Nuestra propuesta se llama Habitando Cosechas y pone el foco en el cultivo de fresa en Huelva, donde la fuerza humana que hace crecer las mayores extensiones del fruto rojo del mundo lo hace en condiciones de alarmante precariedad. Algo que muchas entidades sociales vienen señalando hace tiempo.

United Way entró en contacto con esta realidad de la mano de la arquitecta Alba Balmaseda, profesora de la Universidad de Stuttgart y principal ideóloga de Habitando Cosechas. Alba conoce de cerca la situación de los campos de cultivo de Lepe y la denuncia incansable que hacen las asociaciones de inmigrantes de la zona. Jornadas abusivas, días no cotizados en la nómina sin motivo aparente, incumplimiento de la legislación laboral y una forma de alojamiento que, por diferentes razones, deriva en asentamientos sin buen suministro eléctrico, sin agua potable, alejados de los núcleos urbanos sin opciones de transporte, completamente desabastecidos de servicios. ¿Las consecuencias? Enfermedades, incendios, inseguridad y un nivel de alienación social tan alto como el muro invisible que levanta la población de Lepe ante un senagalés, una centroamericana, un rumano o una marroquí cuando se acercan a la tienda del pueblo o intentan alquilar un apartamento como cualquiera, “porque son los de las chabolas”.

En marzo de 2022, United Way presentó Habitando Cosechas en el I Foro de Liderazgo contra la Esclavitud Moderna organizado por la Fundación Española por los Derechos Humanos. Allí se pudo escuchar el testimonio de dos de esos chabolistas — Seydou Diop y Haya Fosfana, dos trabajadores de Lepe—, que dijeron cosas como “yo en Senegal jamás había pasado hambre, ni había dormido en la calle como aquí” o “para ganarme la vida en España no encontré más opción que trabajar en el campo y vivir en los asentamientos”. Ambos coincidían en su perplejidad: ¿cómo es posible que tantas personas caigan en la exclusión extrema al llegar al supuesto paraíso europeo de la prosperidad? También señalaron lo que consideran otra evidencia: “nosotros somos esenciales; la gente de España no sabe que vivimos así, siendo esenciales”. Se refieren al impacto que sus días laborables, largos y difíciles, tienen en nuestros nutridos estómagos (y en el conjunto de la economía).

Y se quejan con conocimiento de causa porque son artífices de su propio movimiento asociativo; es decir, denuncian los problemas y proponen soluciones. En el caso de Seydou y Haya, desde ASNUCI, una de las asociaciones más activas en torno a los campos de fresa de Huelva con la que United Way está trabajando para potenciar su fuerza de cambio.

La primera misión de Habitando Cosechas, según la formula Alba Balmaseda, es “entender la informalidad desde perspectivas diferentes”. En los asentamientos no todo es desechable, hay un sorprendente muestrario de soluciones de habitabilidad (sistemas ancestrales de calefacción, hornos de pan, ideas sorprendentes para aislamiento) de las que se pueden extraer aprendizajes al paso de su mejora. La idea, por tanto, no es eliminar los asentamientos, sino llevarlos a condiciones dignas partiendo de la realidad y el conocimiento de quien los habita. “La informalidad se ve como algo negativo pero esconde muchos valores, la audacia de la supervivencia, la fuerza de los actos cotidianos en la búsqueda del bienestar”, comenta Alba, que además de haber hecho un pormenorizado diagnóstico en Lepe, lleva tiempo involucrando al alumnado de varias universidades (Stuttgart, Nairobi, Politécnica de Madrid) en una serie de talleres donde se aprende sobre materiales, eficiencia energética y estructuras desde las antípodas de la academia, ”transparentando lo inteligentes y sostenibles que somos cuando no tenemos recursos”.

Ese cambio de mirada, además de impregnar la conciencia del alumnado y personal docente que ha congregado Alba, está llegando también al propio movimiento asociativo de la fresa y, por acción de United Way, a las autoridades locales. El Ayuntamiento de Lepe y el Defensor del Pueblo de Andalucía ya conocen el proyecto para pasar a la acción en la siguiente fase, la que pretende llevar las conclusiones del trabajo de campo a la mejora real de las condiciones de vida de la comunidad. De toda la comunidad.

¿Cómo? Transformando el entorno físico de los asentamientos de manera paulatina, mejorándolos sin hacer tabula rasa, involucrando a quien habita esas casas espontáneas y a su vecindario: “Queremos generar nuevas relaciones entre la fuerza laboral del campo y la comunidad de acogida. No podemos arreglar todos los problemas, pero interviniendo en algo tan concreto como la habitabilidad podemos iniciar grandes cambios en todo lo demás”. Palabra de arquitecta. Nuevas casas a medida de quien ya conoce esos lugares, levantadas a base de respeto y consenso. ¿Muy utópico? Cosas más difíciles se han hecho, paso a paso, día a día.

Eso sí, para que la novedad sea posible hace falta otra pieza fundamental: las empresas. United Way habita un terreno a veces desconocido entre la acción social y la actividad económica donde, sin embargo, cada movimiento de tuerca cuenta. Habitando Cosechas necesita a las empresas; las que producen, las que distribuyen, las que publicitan, las que colocan en los expositores. Entre las manos de Haya o Sedou y la decisión de compra hay una cadena de voluntades de imprescindible valía que necesitamos sumar a la causa, como ya ha hecho Arcadis, consultora internacional de desarrollo sostenible que contribuye con voluntariado corporativo.

La acción de cosechar es, en sí, un proyecto, una forma de estrategia. Queremos usar esa metáfora para que el nexo entre lo que se produce y lo que se compra esté libre de cargas; incluidos los aspectos ecológicos, porque los campos de Huelva también necesitan un cambio que evite la sobreexplotación del suelo. La trazabilidad es una buena noticia, aunque pese sobre nuestros hombros en la calidez del supermercado (y dejamos fuera de este repaso otras áreas del consumo como la ropa, celebrando la reciente noticia de que Inditex va a empezar a usar tejidos reciclados en su producción).

Ante la exigencia de compromiso en el consumo siempre surgen preguntas lógicas: “¿No deberían ocuparse las autoridades? ¿Qué hago yo con esta información?”. Para empezar: difundir. Para continuar: elegir bien lo que se compra. Ambas cosas son formas muy concretas de acción. No lo olvidemos: al final de la cadena, el poder es nuestro.

¿Peluquera? Muy Bien.
¿Ingeniera? Pues también

Desde los años 80, el número de mujeres en las carreras STEM ha descendido en España un 24%. ¿Por qué? Reflexionamos sobre esta versión de la brecha de género que United Way España combate en colaboración con grandes empresas tecnológicas.

Estudiar es un camino lleno de preguntas y respuestas. Hay una a la que todo el mundo se enfrenta en algún momento de la infancia: ¿Qué quieres ser de mayor? La respuesta siempre provoca un juego de cejas levantadas, ojos esquivos y un cierto canturreo que proporciona algo de margen hasta dar con una enumeración concreta de profesiones que se han visto en casa, en la tele, en los juguetes… y en el colegio.

En el ámbito de la enseñanza secundaria, según cuentan sus profesionales, es frecuente la verbalización clara de la duda: ¿Que en qué quiero trabajar? Ni idea. Pero hay casos en los que la duda lleva implícita, además, una inquietante negación, como cuando se les presenta a las adolescentes el abanico de oportunidades profesionales del futuro y ellas responden con contundencia: Yo en eso de la tecnología no sé si me veo.

En pleno siglo XXI hay muchas mujeres jóvenes que siguen teniendo una visión de su futuro profesional poco asociado a determinar el funcionamiento de las cosas. Quizá por eso está decreciendo el número de alumnas en las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y, sin embargo, los oficios del cuidado tales como peluquería, belleza o enfermería siguen siendo una elección recurrente entre las adolescentes, especialmente en comunidades vulnerables. Nada que objetar contra esos oficios pero, aquí va otro interrogante: ¿Debería preocuparnos que la presencia femenina en carreras técnicas y tecnológicas esté retrocediendo?

Esperanza Martín, una de las profesionales de la intervención social en quien United Way España confía sus programas de educación, nos da unas cuantas claves. Para empezar, un hecho objetivo: renunciar a la tecnología es renunciar a un porcentaje ingente de oportunidades de empleo. Vivimos en un mundo literalmente atravesado por la tecnología y cada vez se hace más evidente el mantra de que la mitad de las profesiones del futuro todavía no se han inventado. “La tecnología está en todo y las nuevas generaciones deben, como poco, aprender a manejarla”, afirma Esperanza.

En los talleres que realiza para United Way, como el reciente MujeresTech en un instituto de Madrid, emplean una fórmula para evitar la vía muerta del “yo eso no lo voy a hacer bien”. Basta cambiar la pregunta y con ello aligerar la posición de quien tiene que responderla: ¿Qué te gustaría mejorar?

Comienza ahí el cambio de mirada sobre la propia capacidad de maniobra, empezando por el centro educativo; a veces es una máquina de bebidas para el pasillo del instituto, otras un medidor de CO2 para asegurar un aire respirable en el aula, otras incurren en temas menos prosaicos como el arte tecnológico o la música electrónica. La cuestión es identificar una necesidad asociada a su día a día y recorrer los pasos que la tecnología les ofrece para construir una solución. Testeando, “cacharreando”. En ese recorrido, por cierto, participan activamente el profesorado del centro y una serie de personas voluntarias de grandes empresas como NTT Data y Lenovo, que completan el punto de vista, ofrecen datos precisos y, sobre todo, muestran un horizonte muy claro de dónde puede llevarles profesionalmente todo ese ejercicio.

Con todo ese hilo van tejiendo el debate, la reflexión y el aprendizaje hasta elaborar un sencillo prototipo. Y es justo en ese punto cuando se les hace la pregunta más importante: ¿Quién quiere exponer su proyecto? Los talleres que coordina United Way España incluyen una puesta en escena —a menudo en las oficinas de las empresas que aportan su voluntariado corporativo— crucial para afianzar esa nueva visión de las participantes sobre sí mismas. Esperanza insiste en que esa falta de seguridad en la presentación pública es algo que se trabaja con todo el alumnado, “no se descuida a nadie por su género”; pero el hecho cierto es que las alumnas suelen tener mayores dificultades y, lo más sorprendente, siguen exponiendo de manera muy diferente cuando no están presentes sus compañeros varones.

Por suerte también sorprende la respuesta cuando se les pregunta qué han sacado del taller: Saber que sí que puedo. En principio, se refieren a afrontar un trabajo tecnológico, pero la frase dispara la imaginación en otros muchos ámbitos del poder cotidiano. Y esa es exactamente la razón de nuestro trabajo. Como si de un preciso mecanismo se tratara, comprobamos una y otra vez el impacto real y efectivo de estos juegos tecnológicos en los que United Way involucra a empresas, docentes y entidades sociales para generar una chispa en las mentes de quienes empiezan su carrera en la vida.

Nos encantaría tener una respuesta clara frente al interrogante del descenso de mujeres en las carreras STEM. Hay discursos que aconsejan relacionar la tecnología con el bien común y la sostenibilidad para atraer más a las mujeres. Hay quien señala la falta de referentes de científicas o ingenieras como base del problema. También se identifica la brecha digital como un factor determinante, porque quien no tiene acceso a ordenadores, un móvil o ni siquiera conexión a internet participa en la sociedad en situación de desventaja (algo frecuente entre las mujeres de comunidades vulnerables). 

En cualquier caso, la idea no es incentivar el uso de la tecnología porque sí, sino más bien de todo lo contrario: promover una conciencia crítica respecto a lo técnico y lo tecnológico, para lo cual son imprescindibles el conocimiento y la participación activa sin barreras.

Aunque no lo veamos a simple vista, cosas como el BIG DATA y la inteligencia artificial afectan y afectarán al cien por cien de los órdenes de la vida (incluidas las peluquerías, centros de belleza y hospitales). Por eso debemos preparar a las nuevas generaciones, sean como sean, para que participen en el diseño del mundo del futuro, determinando un funcionamiento de las cosas que no reste oportunidades a nadie.

La mirada feminista —cada vez más transversal y desligada del género en sí— es fundamental para definir bien las preguntas y respuestas con las que se construye la sociedad. ¿Por qué iba a ser menos importante en el ámbito tecnológico?

¿Quieres saber más sobre los proyectos educativos de United Way España?

CONOCE TECH4CHANGE y TECH4ALL

Iluminando el rumbo hacia otra realidad

En la Cañada Real, la voluntad del vecindario y la iniciativa solidaria alimentan un motor de cambio para sacar de la pobreza energética a cientos de hogares. United Way España está allí para potenciarlo. 

El asentamiento de la Cañada Real, a las afueras de Madrid, aparece a menudo en los medios de comunicación como un raro ejemplo de caos en mitad del supuesto orden del que se enorgullece el primer mundo. En noviembre de 2021 quisimos comprobar de primera mano cuánta verdad hay en esa imagen. Encontramos una población tejida como antaño, familia a familia, llegada a llegada, creciendo en el ejercicio de la arbitrariedad hasta que el tiempo la ha consolidado como lo que parece: un lugar donde vive mucha gente en inadmisibles condiciones de precariedad. Personas ajenas a la maquinaria administrativa y el estigma político cuyas necesidades requieren respuesta todos los días.  

Mientras Madrid se preparaba para su iluminada Navidad de capital europea, en la Cañada constatamos dos realidades tan ciertas como el sol: que la mitad de las personas que la habitan son menores de edad y que todas ellas viven sin suministro eléctrico desde octubre de 2020. Hay muchas hipótesis sobre las causas de este problema y, sobre todo, sobre las posibles formas de solución, pero ninguna parece alcanzar un terreno consistente que ponga fin, en el corto plazo, a situaciones que sí son tangibles. Quien no tiene luz, no puede combatir el frío, no puede iluminar una reunión familiar, no puede hacer los deberes, ni enviar un currículum, ni pedir una cita para vacunarse. Hay casos que afectan directamente a la supervivencia, como los de las personas enfermas que dependen de un aparato eléctrico para respirar. En una sociedad llena de buenas intenciones institucionales y corporativas, cientos de personas viven salvándose como pueden de una inestabilidad sobre cuyo origen planea una falta de consenso que obstaculiza las oportunidades de progreso. Para la población de la Cañada —especialmente la más joven— todo esto supone un tapón social objetivamente injusto que no podemos permitir.  

Afortunadamente, también encontramos allí personas que combaten la desidia a pie de calle —con luz o sin ella— y que atraen con su iniciativa a quien puede crear una maquinaria de cambio todavía más fuerte. Es el caso de Rahma Hitach, una mujer que lucha por dignificar las condiciones de vida de la Cañada liderando una asociación de activismo vecinal. Rahma nos habló del programa Cañada Solar que consiste en la instalación de placas fotovoltaicas —con la participación activa del propio vecindario en actividades de formación— para dar electricidad a las casas o sustituir los generadores de gasolina que provocan todo tipo de problemas (medioambientales, entre otros). Nos pareció que el proyecto tenía un potencial extraordinario porque, además de luz y calor, aporta un componente de formación profesional en torno a las energías renovables e infunde un espíritu no asistencialista a la comunidad para que sea artífice de sus propias soluciones. Soluciones técnicas y económicas, porque Cañada Solar incluye un diseño de financiación que permite a estas familias comprometerse con el pago de los costes.  

En definitiva, no se trata de regalar la energía, sino de posibilitar que la población de la Cañada pueda instalarla y costearla de manera autosuficiente y sostenible adquiriendo un aprendizaje por el camino. Detrás de Cañada Solar está la entidad social Light Humanity, que ha llevado a cabo proyectos similares en otros países y que ya había dado energía solar a algunos hogares de la Cañada cuando United Way España supo del proyecto. «Rahma fue la primera valiente que apostó por la luz solar. La situación de la Cañada es, de alguna manera, peor que en otros lugares del mundo donde hemos trabajado, porque la falta de energía genera mayores diferencias sociales. La gente que vive allí, en su mayoría, no puede vivir en otro lado. En España no está interiorizado el problema de la pobreza energética extrema. Es algo difícil de asumir, pero existe. Además, el tema del realojo no está claro, hay muchos casos que pueden tardar diez o quince años en resolverse». Son palabras de Eugenio García-Calderón, fundador de Light Humanity, que nos dio las claves para definir el punto preciso en el que el trabajo de United Way podría potenciar el impacto de su labor.  

¿Cómo contribuir a cambiar la suerte de tantas familias? Cuestiones estructurales aparte, la precariedad por la falta de suministro eléctrico es una situación inadmisible cuyos efectos no podemos dejar crecer. Pusimos en funcionamiento nuestra particular forma de sinergia con la seguridad de que provocaría el efecto multiplicador que tantas veces hemos promovido.  

Aprovechando las fechas prenavideñas, diseñamos una campaña llamada La otra lotería, centrada en un sorteo solidario que era, ante todo, un llamamiento a mirar sin prejuicios la realidad de la Cañada. No dudaron en sumarse Impact Hub —siguiendo su nuclear compromiso con la sociedad— y una serie de marcas que cedieron productos para atraer a los cientos de personas altruistas que participaron en el sorteo. Con el dinero recaudado, más de 7.000 euros, Light Humanity pudo rebajar el coste de instalación de las placas solares en 20 de los 140 hogares con mayores dificultades, los que la entidad denomina «grupo 1» en base a un minucioso estudio de campo que realizan sus especialistas en intervención social.  

Fuimos ramificando el mensaje en redes sociales y medios de comunicación hasta llegar a oídos de otras empresas que se fueron uniendo al objetivo. Pero esta vez con el extraordinario valor añadido de la perspectiva a largo plazo. La agencia We The Root realizó un reportaje que recoge la exposición del problema y nuestra propuesta de solución; el video llamó la atención de Enertis, una de las empresas que lideran el sector de las energías renovables que, además de hacer un donativo, se ha sumado a la causa con un proyecto de voluntariado corporativo diseñado por United Way España con el que aportaremos conocimiento y recursos humanos a Cañada Solar. El compromiso de Enertis se está haciendo extensivo a otras organizaciones gracias a que nos conectaron con la Unión Española de Fotovoltaicas, cuya maquinaria de comunicación al servicio del proyecto está ampliando el engranaje de apoyo y ya nos ha permitido reunirnos con dos empresas más. 

Y esto es solo el principio. Durante 2022 vamos a seguir trabajando para que más hogares puedan hacer frente al coste inicial de sus placas solares, eliminando así el cuello de botella que les impide normalizar su situación energética. En ese «grupo 1» de hogares con especiales dificultades todavía hay 120 sin acceso a la luz. 

Pero nuestra sinergia va más allá: no se trata solo de recabar dinero y buenas palabras, sino de reforzar una ruta hacia otra realidad, una en la que la población de la Cañada Real alcance con su propio esfuerzo y un poco de apoyo los parámetros de vida de un país orgulloso. En la que las generaciones más jóvenes sientan que la fuerza asociativa de su comunidad les ayuda a salir de la penumbra; que el proyecto técnico y social de Light Humanity les aporta luz, calor y algo más; una realidad en la que la solidaridad ciudadana con gestos como La otra lotería sea real y efectiva; una realidad a la que las empresas y su personal voluntario se acercan para ayudarles a redefinir su itinerario profesional y, por tanto, vital. 

Desde United Way España seguiremos trabajando para evitar que la marginalidad se transmita de unas generaciones a otras en la Cañada Real, porque sabemos que no es cuestión de suerte, sino de voluntad. Seguiremos iluminando las zonas de conexión entre agentes cuyo esfuerzo coordinado pueda reducir las desigualdades. En palabras del fundador de Light Humanity: «Vivimos en la era de la normalización frente al asentamiento orgánico, pero la norma no ha hecho su trabajo esta vez. La situación de la Cañada Real demuestra nuestro fallo como sociedad y, por tanto, la necesidad de un compromiso común para encontrar soluciones». 

Ningún cambio es tan posible como el que se construye uniendo fuerzas. 

¿Quieres sumarte al proyecto?  

Ayúdanos a sacar de la pobreza energética a 120 hogares de la Cañada Real. 

#LiveUnited 
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United Way es una organización experta en generar capital social, ¿sabes qué es y por qué importa?

La importancia del capital social

Seguramente sepas qué es el capital financiero y el capital humano pero, ¿sabes lo que es el capital social? Es el que describe la vitalidad de las redes sociales humanas (no las digitales): el sentido de pertenencia, el nivel de confianza entre las personas integrantes de una comunidad, el grado de confianza de esas mismas personas en sus instituciones. Todo ello piezas determinantes para el itinerario social de cualquier ser humano.

El capital social en las comunidades de España es, en general, alto. Pero está distribuido de manera desigual, las personas con ingresos más bajos y menor seguridad financiera encuentran mayores barreras para construirlo. United Way ha estado haciendo frente a esas barreras durante décadas en todo el mundo, 134 años para ser exactos. Y en España acaba de cumplir un lustro uniendo fuerzas: generando vínculos que mantengan unidas a las comunidades, trabajando para que la infancia, la juventud y las personas mayores con más dificultades accedan al capital social al que tienen derecho. Porque es un hecho que a las comunidades conectadas les va mejor.

Existen estudios económicos y de reputadas ONGs, como Cáritas, que evidencian que las comunidades con alto capital social tienen un PIB más alto, tasas de criminalidad más bajas, logros educativos más altos, menos visitas a emergencias y menor necesidad de servicios sociales. Lo que, a su vez, supone un menor coste para la sociedad y, por tanto, una mayor probabilidad de recabar apoyos que potencien este círculo virtuoso que mejora la calidad de vida de todo el mundo. Que aumenta el bien común, en definitiva.

La ausencia de capital social, es por tanto, un factor determinante en los índices de pobreza. Las personas que se sienten conectadas tienen mayor capacidad de ascender en la escala social. Por ejemplo, el círculo inmediato (padres, amistades, vecindario) suele ser el apoyo natural para acceder al primer puesto de trabajo. Pero, ¿a quién puede dirigirse alguien que crece en la pobreza? ¿Con qué círculo de trabajo puede conectarse?

United Way se dedica a diseñar e impulsar sinergias entre organizaciones sociales (ONG) y agentes sociales (empresas, instituciones) que suplan la carencia de capital social de grupos sociales vulnerables (infancia, juventud, personas mayores).

Uno de sus programas más activos es el Youth Challenge (Reto Juvenil), que conecta a jóvenes en riesgo de abandono escolar con profesionales en activo, lo cual genera referentes y procesos de aprendizaje enormemente útiles para el acceso al mercado laboral. En esta labor, entre otros recursos, cuenta con el “super poder” del voluntariado corporativo, con el que las empresas ponen su tiempo y su energía al servicio de la comunidad (infancia, juventud, mayores …)

Otro ejemplo reciente y significativo es la campaña  #LIVEUNITED –especialmente diseñada a raíz de la pandemia–, que ayudó en España a 20.000 personas gracias a la acción coordinada de cientos de donantes particulares, varias empresas, un grupo de personas voluntarias y 9 entidades sociales. Una verdadera red que fue y sigue siendo fundamental para superar una de las mayores crisis sociales que ha conocido el mundo. “Aunque el COVID ha presentado muchos desafíos, también ha sido una demostración valiosa y tangible de cómo puede verse el capital social en acción”, dice Marina Fuentes, directora de United Way España, “vimos que las comunidades respondían con un tsunami de generosidad y una gran toma de conciencia de lo importante que es el cuidado de los demás. Superó completamente nuestras expectativas”.

Este es solo uno de los miles de ejemplos de cómo una comunidad con un alto capital social puede responder cuando se le pide. «Mi esperanza es que aprovechemos las lecciones y el impulso del capital social que hemos experimentado y ahora los incorporemos en nuestro trabajo personal, institucional y social», dice Marta Navarro, Responsable de Programas de United Way España.

El capital social es el tejido conectivo imprescindible que hace que las personas y las comunidades sean más prósperas, más saludables, más seguras y mejor conectadas con el conjunto de la sociedad.

United Way cumple 5 años uniendo fuerzas en España y queremos invitarte a formar parte de nuestra manera de impulsar el cambio social.

¡ÚNETE!

#LiveUnited
#UniendoFuerzas

Listos para vivir unidos

La Fundación United Way España lanza la iniciativa Live United en junio, enfocada en reconstruir nuestra comunidad para que sea un lugar más fuerte y equitativo después de la pandemia de COVID-19.

Si bien United Way España siempre se ha centrado en ayudar a los más vulnerables en España, trabajando para cerrar la brecha en salud, estabilidad financiera y educación, reconocemos que la irrupción de la pandemia COVID-19 y las desigualdades étnicas y raciales han ampliado esa brecha. Nuestra comunidad necesita trabajar unida para reinventarse y reconstruirse como un lugar más fuerte y equitativo donde todas las personas puedan prosperar.

En todo el mundo, United Way ha estado trabajando para ayudar a las comunidades a responder a la crisis del COVID-19. Los mil millones de dólares recaudados por United Way para los esfuerzos de ayuda de COVID-19 a nivel mundial están ahora en nuestras comunidades. 

Los fondos recaudados han ayudado a más de 27 millones de personas a permanecer en sus hogares, alimentar a sus familias, poder mantener las luces encendidas y más.

También sabemos que la recuperación real llevará un tiempo. No estamos cerca de terminar con nuestra tarea. Se han perdido millones de puestos de trabajo; el profesorado y los padres se preocupan por la pérdida de aprendizaje, especialmente para los niños de minorías y de familias con bajos ingresos, y los equipos de United Way todavía están respondiendo a solicitudes de ayuda. 

Reconstruir no es una cuestión de volver a donde estábamos. Es reinventar cómo podemos ser mejores y trabajar juntos hacia esa idea. Ayúdanos a vivir unidos.

3 Maneras de proteger la #salud de tu comunidad

Otra cosa que hemos aprendido este año: «ser voluntario» ya no implica la interacción presencial con los demás. Abundan las oportunidades de voluntariado virtual y «sin contacto», que deberían añadirse a la lista de buenas prácticas de salud, junto con el lavado frecuente de manos, el mantenimiento de una distancia y el uso de una máscara.

¿El voluntariado es bueno para nuestra salud? Sí. Desde la disminución del riesgo de depresión, la reducción del estrés y la ayuda para vivir más tiempo, la relación entre el voluntariado y la buena salud es ampliamente conocida.

Ahora, más que nunca, se necesitan voluntarios, ya que millones de desempleados y personas con bajos ingresos luchan por llegar a fin de mes y miles más son diagnosticados diariamente con el coronavirus. La buena noticia es que los voluntarios de todas las edades siguen apareciendo, ayudando y atendiendo las necesidades de la comunidad.

Como ejemplo, os mostramos 3 líneas de voluntariado en las que United Way promueve la buena salud en su comunidad:

  • Ayuda a los ancianos. El aislamiento social causado por la pandemia pone, especialmente a los ancianos, en un mayor riesgo de sufrir implicaciones adversas para la salud física y mental. En Madrid, United Way España ha creado un servicio de apoyo telefónico con personal voluntario capacitado para ayudar a los ancianos confinados en sus casas a combatir la soledad. En St. Cloud, United Way del centro de Minnesota involucró a voluntarios en el montaje de kits para ser distribuidos a los ancianos a través del programa Meals on Wheels. Los kits incluían un rompecabezas o mazo de cartas, recursos de COVID-19, tarjetas de felicitación para enviar a la familia o a los amigos, notas de aliento y refrigerios.
  • Refuerce los servicios de salud mental. Entrénate para dotar de personal a un servicio nacional gratuito de intervención en crisis y asesoramiento 24/7, realizado exclusivamente a través de mensajes de texto SMS. En Estados Unidos los voluntarios son evaluados y se entrenan a su propio ritmo, y luego se les asignan turnos de personal de manera regular. También pueden inscribirse como voluntarios en el 211, un servicio de referencia de la comunidad para todo, desde necesidades de salud hasta asistencia financiera y otros apoyos sociales.
  • Salve vidas ofreciéndose como voluntario para la investigación de vacunas y otras investigaciones sobre la salud. Para conocer las futuras oportunidades de estudio de COVID-19 que se ofrecen a través de los Institutos Nacionales de Salud, suscríbase a una lista de correo o consulte los ensayos clínicos de su zona.

Y si estas ideas no son suficientes para ponerte en marcha, considera esto: el voluntariado nos hace más felices. Un informe reciente publicado por el Journal of Happiness Studies encontró que las personas que se habían ofrecido como voluntarias el año pasado estaban más satisfechas y calificaron su salud general como mejor en comparación con las personas que no se ofrecieron como voluntarias. Las personas que se ofrecieron como voluntarias al menos una vez al mes informaron de una mejor salud mental que los participantes que se ofrecieron como voluntarios con poca o ninguna frecuencia.

Dado que COVID-19 sigue afectando a todos los países y a muchas comunidades de todo el mundo, United Way hace un llamamiento a los voluntarios que deseen contribuir en la medida de sus posibilidades. No esperen. Busque en nuestro portal hoy para encontrar dónde puede ser voluntario para proteger la salud de los demás –y la suya propia.

Mei Coob
Senior Director, Volunteer Engagement. United Way

Ilustración: Ignacio Hildebrant

Sigamos imaginando un mundo mejor

 

“Imagine all the people living life in peace”.
JOHN LENNON.

 

United Way se ha regido por principios fundamentales que todos debemos esperar de nosotros mismos y conceder a los demás. Esas palabras tienen hoy un peso aún mayor. O eso esperamos.

Mientras, los trágicos eventos continúan demostrando que sin equidad para todos, la comunidad a la que aspiramos ser, no es más que un sueño. Por eso invitamos a todos los soñadores a unirse al proyecto de imaginar y crear un mundo mejor.

No importa la raza, los ingresos, de dónde venimos y el código postal, cada individuo debería tener la oportunidad de prosperar. Es por eso que hacemos lo que hacemos: luchar por la educación, la estabilidad financiera y la salud de cada individuo en nuestra comunidad. Apoyamos a nuestras comunidades en este momento de dolor y hacemos una llamada a todos para que nos unamos con el objetivo de sanar las heridas, abordar los problemas estructurales y garantizar la equidad para todos. Creemos en que así, lograremos construir ese mundo al que aspiramos.

No existe una manera única o correcta de abordar los desafíos a los que nos enfrentamos. Por eso es necesario que todos trabajemos colectivamente, en todo tipo de formas diferentes, pero con el mismo objetivo. A través de la investigación y la planificación, la movilización de voluntarios, la participación de la comunidad, las inversiones en programas e iniciativas de otras ONG, las actividades de concienciación pública, estamos creando cambios reales y medibles en la vida de las personas.Cada generación nunca sabe lo que la historia va a pedir de ellos. Pero lo que la historia nos ha demostrado es que cuando hay unidad, colaboración y empatía, la humanidad sale adelante. Esta pandemia, la crisis climática y la económica son un aviso para las comunidades que no han hecho los deberes de la Agenda 2030.

Han pasado 6 meses de la pandemia en España y empezamos “nuevo curso”. En estos 6 últimos meses hemos hecho lo posible para que todos los programas de educación que teníamos en marcha para combatir el abandono escolar y de acompañamiento a mayores, hayan seguido funcionando y algunos hayan podido extenderse durante el verano. Gracias a la generosidad de más de 500 personas y 5 empresas que han donado a la campaña que pusimos en marcha #únetealosqueayudan, hemos podido ayudar a 10.434 personas de diferentes maneras recaudando €200.000 hasta el primero de Junio.

Pero el trabajo continúa. Y no hemos parado. La pandemia ha puesto de manifiesto cómo afecta a los más desfavorecidos su situación de riesgo o exclusión social. Agravando las antiguas desigualdades y creando otras. Madres con empleos precarios que no cotizaban y que tienen hijos a su cargo. Niños cuyos padres no pueden ayudar con la educación online porque ellos mismos no recibieron una educación (y menos digital) o no pueden permitirse una conexión a una wi-fi. Mayores que siguen tan o más aislados que nunca. Hábitos de salud que se han visto incluso empeorados por la falta de deporte o comida sana. Por primera vez desde 1990, la ONU advierte de que los pobres van a ser más pobres, ya que esta crisis impacta de lleno y de forma simultánea en los 3 pilares en los que UNITED WAY trabaja y que miden el desarrollo humano – la salud, la educación y los ingresos de las personas.

Creemos que nuestro modelo de impacto colectivo es necesario y efectivo. Un modelo donde la colaboración público-privada es clave. Sabemos que el impacto que generan las iniciativas sociales de las empresas cuando están alineadas con las necesidades de su entorno y las acciones de las administraciones, es más eficaz y eficiente. Por eso la coordinación con el tercer sector y la sociedad civil es más necesaria que nunca. Desde que empezó la pandemia, gracias a las alianzas existentes de United Way con sus más de 52.000 empresas colaboradoras y sobre todo con lo que denominamos Líderes Corporativos Globales, hemos recibido donaciones para seguir ayudando localmente en España a más gente. También gracias a nuevas alianzas con empresas españolas lograremos ampliar el número de beneficiarios. Pero tras el confinamiento no queremos reconstruir lo que no funcionaba. Queremos “imaginar” un nuevo futuro y para eso hemos de obtener más recursos.

A 1 de septiembre se han unido otras 11 empresas y 2 donantes particulares. Nuestro nuevo objetivo, hasta diciembre de 2021 es recaudar al menos un millón de euros para seguir combatiendo las desigualdades creando una sociedad más resiliente donde todos sus miembros consigan alcanzar su máximo potencial. Es un objetivo humilde para una red tan grande como la nuestra: 1.800 delegaciones en más de 40 países. Sobre todo si comparamos los $91 millones recaudados hasta la fecha en Corea o los más de $500 millones de los EE.UU, pero es ambicioso para United Way España que es una fundación con sólo 4 años de existencia.

UNITED WAY nació hace 133 años para ayudar a que ningún miembro de cada comunidad se quede atrás. Seguimos pensando igual. Nacimos para ayudar y creemos que sólo si todos lo hacemos seremos capaces de construir ese mundo al que aspiramos.

Si crees que una sociedad es rica y tiene éxito sólo cuando ningún miembro se queda atrás, únete a nosotros y apoya nuestro trabajo haciéndote voluntario, donando, concienciando a tu entorno … INVOLÚCRATE. Cada ayuda cuenta. No importa lo grande o pequeña ¡Sé parte de tu comunidad! Como decía Lennon: “Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único” #LIVEUNITED

Si quieres puedes realizar una donación y contactar en: info@unitedway.org.es

 

Marina Fuentes Arredonda
CEO, Fundación United Way España

 

Ilustración: Ignacio Hildebrandt

Esta crisis debe llevar a un cambio que beneficie a todos

El mundo lleva más de 6 meses afrontando la pandemia causada por la COVID-19. Algunos países han contenido el virus mejor que otros. En los Estados Unidos, el recuento de casos y las muertes lideran los índices mundiales. Millones de personas están sin trabajo mientras que los beneficios del gobierno amenazan con desaparecer. Los inquilinos están a punto de ser desalojados de sus casas, y los propietarios pueden ser los siguientes. Estamos viendo largas filas de gente para conseguir comida, hospitales abrumados, padres y estudiantes ansiosos, y una gran cantidad de complicaciones que ocurren cuando las personas no pueden satisfacer sus necesidades básicas.

Es un desastre –y me siento muy mal por cualquiera que tenga que estar preguntándose cómo mantenerse a sí mismo y a sus seres queridos a salvo y seguro–.

Si logramos controlar la COVID-19, cuenten conmigo entre los individuos que no quieren que la sociedad vuelva a la normalidad. El virus y las continuas protestas por problemas raciales y de equidad han puesto de manifiesto las desigualdades y deficiencias inherentes a nuestra sociedad. Nos hemos visto obligados a cuestionar décadas de inversión insuficiente en escuelas, hospitales y salud pública que han dejado a las personas y a los sistemas sin preparación para esta lucha.

Está claro que en los Estados Unidos no vamos a ver una «recuperación en forma de V» que rebote nuestra economía a nuevas alturas. Las encuestas realizadas a empresas y desempleados muestran que cada vez más personas se dan cuenta, independientemente de las intervenciones del gobierno, de que muchos de sus trabajos no van a volver. A nivel mundial, la situación no es más prometedora. Los estudios muestran que la COVID-19 y sus repercusiones económicas exacerban la desigualdad y el desempleo en lugares como Sudáfrica y Brasil.

Entonces, ¿cómo podemos reimaginar nuestra sociedad y reconstruirla de manera diferente? ¿Y cómo pueden las entidades sin ánimo de lucro ayudar a marcar el camino? Tendremos que ver cómo trabajamos con las empresas, los gobiernos y la tecnología.

Primero, hay soluciones inmediatas. En mayo, United Way expandió nuestro programa Ride United en los Estados Unidos para llevar comida a los lugares donde vive la gente, en lugar de hacerlos esperar en filas durante horas. Con el apoyo de la Fundación Rockefeller, nos asociamos con Door Dash para lanzar el programa de entrega «última milla», que lleva alimentos y suministros a las poblaciones vulnerables. El programa cuenta con el apoyo del teléfono de asistencia de United Way 2-1-1, un servicio vital que conecta a las personas con los recursos y la asistencia. Hasta la fecha, hemos facilitado más de 400.000 entregas de comida en Estados Unidos.

United Way Corea está apoyando un programa similar en Indonesia, donde la COVID-19 interrumpió la cadena de suministro de alimentos. Ahora, los agricultores con bajos ingresos pueden utilizar una aplicación para conectarse con los conductores de camiones y motocicletas locales y hacer que sus productos sean entregados a las cocinas de los voluntarios y a las familias que los necesiten.

A medida que avanzamos, es necesario ampliar este tipo de programas que reúnen a los sectores para resolver problemas colectivos. Sin embargo, mientras que las organizaciones sin ánimo de lucro y la sociedad civil en todo el mundo están trabajando arduamente en este momento, los recursos son finitos y la mayoría de las organizaciones sin ánimo de lucro esperan recaudar menos dinero este año que en 2019. Para aliviar la situación en los EE.UU., United Way y otros grupos están retomando nuestra lucha para que el Gobierno apoye con el Programa Cheques de Pago a más organizaciones sin ánimo de lucro y presionando para que la deducción fiscal por donaciones se incremente y esté disponible para más declarantes de impuestos, entre otras disposiciones.

Este es un momento crítico para las organizaciones benéficas, ya que es probable que las organizaciones sin ánimo de lucro se enfrenten a un difícil entorno de donación en el futuro inmediato, ya que las cuentas bancarias están al límite por la pandemia y la recesión económica resultante.

Para que las organizaciones sin ánimo de lucro ayuden a la sociedad a reconstruirse con más fuerza, con nuevos sistemas sanitarios, económicos y sociales que permitan a todos tener una oportunidad justa de tener una vida exitosa, debemos adoptar nuevas ideas y formas de trabajo. Así como la tecnología digital está ayudando actualmente a conectar a las personas con recursos críticos, también las organizaciones sin ánimo de lucro deben utilizarla para conectarse con nuevos donantes y mostrarles el impacto que estamos teniendo en las comunidades. También será fundamental, mientras nos centramos en las necesidades inmediatas, tener una visión de futuro y demostrar que nuestro sector está luchando por una vida mejor para todos.

Cuando la COVID-19 esté finalmente bajo control, el trabajo duro apenas comenzará. Como resultado de la pandemia, se espera que la pobreza mundial aumente por primera vez desde el decenio de 1990. Millones de personas y familias habrán rebotado de una crisis a otra, habiendo intentado arreglárselas en un mundo socialmente distante. Las pequeñas empresas que sobrevivan a la crisis funcionarán de manera diferente, y las que no lo logren serán propiedad de una minoría desproporcionada. La confianza de la gente en las instituciones tradicionales será menor que nunca.

No habrá mejor momento para pensar de manera diferente. Los gobiernos se han esforzado por satisfacer las necesidades de la gente. Las protestas de Black Lives Matter (Las Vidas Negras Importan) están iluminando las desigualdades raciales y étnicas de la sociedad. Si nosotros, como individuos, organizaciones sin ánimo de lucro y la sociedad, no estamos preparados para escuchar y debatir honestamente las grandes ideas y las grandes soluciones, volveremos de nuevo al punto de partida.

Todos nosotros debemos mirarnos en el espejo y aprender del tumultuoso 2020 para reconstruir un mundo más fuerte, más inclusivo y más sostenible. El trabajo comienza ahora.

 

Brian Gallagher
President & CEO of United Way Worldwide

Ilustración: Ignacio Hildebrandt

La gran ficción es la tierra firme

 

Durante una tertulia virtual en estos días, algunos amigos comentaban algo que uno intenta transmitir a los europeos siendo suramericano. Vivir en el mundo civilizado transmite una falsa sensación de seguridad. La planificación, las garantías y los derechos son sin duda grandes logros, pero la gran ficción es la tierra firme. La verdad es que nadie tiene nada asegurado.

El bienestar y el progreso son los deseos que todos los países deben tener para con sus ciudadanos, pero nos pueden colocar en un sitio menos adecuado para improvisar, para sobreponernos a situaciones excepcionales como las que estamos viviendo. Vivir en el primero o en el segundo mundo, nos puede hacer olvidar que la naturaleza lleva la batuta en este concierto. En otras latitudes en cambio, siempre sobrepasa; quizás con demasiada frecuencia.

Si alguna cura tiene que aportarnos esta situación es la de humildad. Ningún gentilicio, profesión o persona está exenta de que le toque. Ricos y pobres lloran a sus muertos. Debemos replegar velas y volver a nuestro estado básico de humanos y punto. Hacer de la palabra realmente un adjetivo, incluso un verbo que ya existe: humanarnos.

Hay cosas que nos superan. Aceptarlo es poner a trabajar al alma intangible, al espíritu, a la fuerza que nos hace sobreponernos y que es la que más puede ayudarnos. Pero hay que cultivarla, sacar esa fuerza vital de sus escondrijos.

No es momento de buscar culpas. Eso también hay que aprenderlo en estos días. Esto ha pasado como pasan muchas tragedias, sembradas por la estupidez, que ha demostrado ser más peligrosa que la maldad.

Es el instante de vibrar todos en la misma frecuencia. Ya habrá tiempo para la responsabilidad y lo primero es asumir la propia. Todos hemos cometido imprudencias antes de que nos obligaran a recluirnos. Pero nadie quería contagiarse y ese es el máximo común divisor, el número que reparte sin dejar residuo alguno.

Esa sensación de inmunidad que hemos sentido frente a la desgracia ajena ha acabado por convertirse en la prueba más evidente de nuestra debilidad. Lo que nos ha llevado a subestimar aquello que ya estaba pasando en otras latitudes.

Paradójicamente, cuanto antes nos demos cuenta de lo vulnerables que somos todos, antes seremos más fuertes. Entregarse no significa dejar de luchar, significa bajar la cabeza para levantarla mejor, con un mayor grado de conciencia.

Somos papelitos llevados por el viento, gotas de agua en el océano inmenso. Lejos de angustiarnos, este pensamiento debe darnos fortaleza, consuelo para no sufrir inútilmente. Somos gotas, pero somos muchas gotas y creamos mareas y olas. Debemos experimentar con cada fibra que somos iguales, que sentimos lo mismo en lenguas diferentes.

La batalla por ganar es la de las buenas energías, esas que crean pensamientos que caminan en una misma línea hacia lo que nos ha paseado por la historia en este planeta del que somos huéspedes recientes: nuestra capacidad para adaptarnos y seguir luchando hasta el último aliento.

Hay que colocarse donde nos dé la luz. Perfumarnos el alma y echarnos cremas, aunque ahora mismo, llegar a tener arrugas no parece una mala perspectiva.

Verónica van Kesteren

Ilustración: Ignacio Hildebrandt